sábado, 27 de agosto de 2016

GABRIEL HAUCHE EN XOLOS 2016


Miguel Herrera ha potenciado a Xolos de Caliente como líder general hasta la fecha (jornada 7) en una campaña que ya le muestra adaptado al club fronterizo y a la plantilla adaptada también al ex seleccionador nacional. Pero en el esquema que Herrera gusta ahora, un 4-2-3-1, destaca la única pieza con libertad total: Gabriel Hauche.

Libertad no significa no tener que defender. Caraglio, por ejemplo, es el nueve de Tijuana y cómo tal está sujeto a movimientos específicos. Prolongar los balones largos a segunda jugada, pivotear y dejar balón de cara al compañero o rematar. Guido Rodríguez, por otro lado, es encargado de ejecutar la salida lavolpiana, prestar apoyos en la salida de balón y dar verticalidad.

Entonces, a diferencia de sus compañeros, Gabriel Hauche tiene como trabajo enlazar defensa con el ataque, pero la forma de hacerlo queda totalmente a su interpretación personal. En un equipo como es Xolos hoy día, su figura es imprescindible. Es que el equipo de Herrera se divide en dos bloques, los atacantes y los defensores, y a pesar del talento de Guido, sólo Hauche es capaz de hacerlo.

Digámoslo ya: Hauche es enganche, mediapunta y segundo punta al mismo tiempo. Pueden parecer conceptos similares pero trato de englobar los tres aspectos que aporta al equipo y que le hacen posible atacar con tanta efectividad. El argentino se posiciona detrás del delantero fijo, Caraglio, y a partir de ahí elige abrirse a banda, esperar el pase o atacar el espacio.
Hauche entiende de moverse a la espalda de la zaga y definir a un toque.


1. COMO “ENGANCHE”
Gabriel tiene la capacidad de poner pases largos que cambien la orientación del ataque, encontrando hombres con ventaja y otorgándoselas. Puede también esconder el balón provocando las faltas rivales y ganando metros y tiempo. Últimamente se ha especializado en provocar penales recibiendo faltas en el área realizando un movimiento dentro-fuera. Y aunque Tijuana no es equipo de pausar ataques, cuando necesita esperar o aguantar la pelota, lo hace bien, aunque sean segundos.


Gabriel atrae marcas, regatea y pone el pase al espacio.

2. COMO “MEDIAPUNTA”
En contragolpes de toda velocidad, Gabriel puede tomar la pelota y salvar la distancia a toda velocidad, con balón controlado y dando el último pase con precisión, es decir, convirtiéndolo en asistencia. También puede ir a la banda y esperar el balón ahí, para salir con un regate o con cambios de dirección muy hábiles lo que unido a su capacidad de poner pases filtrados le hace muy peligroso.

3. COMO  “SEGUNDO PUNTA”
La faceta que más sorprende teniendo en cuenta sus virtudes arriba mencionadas. Y es que no parece compatible el instinto goleador del siete fronterizo. Gabriel interpreta perfecto atacar el espacio cuando Caraglio prolonga, sabe ocultarse a la defensa para sorprender del lado contrario a la jugada. Pero sus movimientos los corona con un remate seco, fuerte y de un toque. Un gesto de delantero centro.
Hauche ataca el espacio por delante de Caraglio y provoca penalti.

En suma, que sin estas características, Xolos perdería su plan de ataque en virtudes aisladas de sus atacantes. Avilés aporta la conducción con pase final, pero no puede servir de opción para descargar en banda antes del medio campo, Dayro es un finalizador extraordinario, hábil pero sin la sensibilidad de guardarla o cambiar el juego, Caraglio es un rematador de área, pero sin caída a banda o último pase.
El robo de Hauche, tras presión, genera un gol contra Chivas.

E incluso, debemos pensar en que Gabriel Hauche se muestra inteligente en la presión para obtener un robo y terminar generando un contragolpe. Les recomiendo los siguientes videos, donde podrán apreciar lo descrito sobre el jugador clave de Tijuana.





viernes, 19 de febrero de 2016

Estrategia Fútbol 7 13/02 Derrota 5-4

Me invitaron a jugar en un equipo de fútbol siete, o Uruguayo, como le dicen. Ese deporte popular, variable del fútbol que nos acerca a un ambiente competitivo pero urbano. Hace tiempo que tenía curiosidad de ver si lo que encuentro analizando partidos por mí cuenta tiene aplicación práctica en la vida diaria, por así decirlo y la ocasión fue propicia: como no llegó la persona que me invitó al partido y eramos ocho jugadores (dentro juegan seis y el portero) naturalmente en el primer tiempo me quedé en la banca.

Lo que iré escribiendo tiene como intención llevar un registro de mi intento de influir tácticamente en un ambiente muy poco exigente y que si tú has llegado hasta aquí, encuentres conceptos que puedas aplicar en tu equipo de fútbol 7. Quizá con el tiempo vaya detallando tamaño de cancha y otros aspectos, por ahora, describamos el primer paso.

Nuestro Equipo 

Salió mi nuevo equipo con un 2-1-3. Dos jugadores se quedaron atrás como defensas centrales, por delante de ellosestaba el mediocentro ("el que la mueve") y atacando tres jugadoress con muchas ganas de marcar goles y que se repartieron las bandas y la punta, pero que trataban de hacer siempre movimientos fuera dentro. Creo que antes de que me invitaran apenas habían jugado un par de veces juntos, y la falta de ideas se notaba. Al contrario que el otro equipo.

El rival

Aprendí hace muchos años (Como diez) que cuando tu rival, en el fútbol de los que nos lesionamos la rodilla y no pudimos ser profesionales, tiene cara de ser muy bueno, resulta de nivel bajo, y viceversa. El primero que apareció de los rivales cuando llegué a la cancha tenía una sonrisa inocente y parecía más práctico en cambiar pañales que en jugar la pelota (probablemente así me vea yo también). A excepción de dos chamacos, el resto se veían apacibles y hogareños.Cuando entraron a la cancha los rivales demostraron que se conocían y sabían jugar. Dividieron el equipo en dos: tres defensas y tres atacantes, con papeles muy específicos. El tipo de la sonrisa, que llegó primero, jugaba como falso delantero y era un enganche que pisaba la pelota y buscaba encontrar a un compañero en banda, además de canalizar la salida de balón de su equipo. A su izquierda, venía un atacante que daba equilibro defensvio recorriendo arriba y abajo su carril exterior. Su llegada parecía más la un lateral, pero normalmenete arrancaba muy arriba y tenía libertad de subir. Pero el engranaje clave estaba en la derecha de nuestro rival. Un muchacho delgado y muy técnico que era el encargado de dar los pases finales. Él era "el que la movía" de su equipo y como estaba muy escorado en la banda y adelantado, no tenía muchas dificultades para soltar su repertorio de pases de primera intención, conducciones y remates. Al estar estirando la lona y no por dentro era dificil hacerle un dos a uno y siempre gozaba de ventaja en el uno a uno.

Primer tiempo

Lo resumiré rápido: a los tumbos, el equipo trataba de encontrar los delanteros y que hiciesen lo que mejor se les ocurriera. Como no estaban organizados, nunca bajaban a tiempo para defender, pero sí se alejaban de la portería inconscientemente, arrancando muy alejados de la meta.

Los contrarios no dudaban: recuperar y salir con el "punta". Este elegía la banda para tocar: a la izquierda, su compañero lanzado ganaba metros y se la devolvía al punta, que ahora sí tocaba a la derecha. De no ser así y desde el principio tener la opción de la derecha, se la daba al talentoso del equipo sin perder tiempo. ¿Qué pasaba? Cuabndo la pelota llegaba su derecha (nuestra banda izquierda) los dos centrales tenían que recorrer y dejaban su espalda descubierta, donde el atacante que rocorría loa banda llegaba libre de marca. A veces, los defensas no recorrían a tiempo y el mismo jugador de la derecha finalizaba por sí mismo. Al medio tiempo nos fuimos perdiendo cuatro a uno, con cuatro goles calcados uno tras otro. Nosotros anotamos en un descuido que permitió a dos delanteros ir contra un sólo defensa.
 

Segundo tiempo

Como estaba yo fuera de campo, pude observar todo lo sucedido, y por lo mismo, los jugadores de mi nuevo equipo me preguntaron que ví en el desarrollo (no saben que me gusta analizar tácticamente). De hecho, ya me habían pedido en pleno partido que gritara que estaba mal y quienes no corrían, pero no lo hice por una razón: el momento en el que yo empezara a dar ordenes y acomodarlos (era mi intención), sin que me conocieran, sería muy delicado: si les caía mal, me verían como un profesor poniendo orden en la clase y su natural rebeldía (todos menores de 20 años) se activaría. Pero si lo hacía bien, con autoridad y en el momento preciso, podían verme como un personaje que de verdad sabía y transmitirles al mismo tiempo confianza y autoridad.

Primero les expliqué por qué nos marcaron cuatro goles: tres contra dos, donde el recorrido de los centrales dejaba un hombre libre que nuestro mediocentro no llegaba a cubrir. Les diije que ibamos perdiendo no por mecanismos de juego ni porque el rival se conocieses, sino por un tema de posicionamiento.

Con firmeza, lo segundo que hice fue decirle a los tres delanteros que entre ellos decidieran quien descansaría en el segundo tiempo. Querian que yo eligiera, pero era arriesgado tomar decisiones tan duras de inmediato. Me limite a explicar que yo entraría como central para crear una línea de tres y hacer frente con igualdad numérica los delanteros del otro equipo. A fin de cuentas, el que salió fue otro defensa, así que reconvertí un delantero en lateral derecho, su perfil natural, y al otro central, que lo hacía bien, lo mande de lateral izquierdo a pesar de ser diestro. A los dos delanteros que quedaron les pedí que se mantuvieran juntos y que jugasen cerca del área enemiga, sin recorrides defensivos, es decir, que no bajasen. Luego platiqué con nuestro "cinco": corría mucho y tenía habilidad, pero le faltaban instrucciones. Él sería el enlace, el único mediocampista: cuando no tuviesemos la pelota, debía recorrer el carril central para ahogar las jugadas que fueran a la banda y para evitar que alguien encarase al central (a mí) o disparase desde la forntal. Si la teníamos nosotros, debía recorrer por dentro también, acercandose a los delanteros lo más posible. Fuí claro. Nuestro mediocentro sería el jugador que más iba a correr del equipo. Finalmente, el toque final: instrucciones, pocas y sencillas. Los defensas manteniamos la posición. Si la teníamos, balón directo a los delanteros. Los delanteros buscar remate de inmediato, de donde fuera. Si no podían girar, pasar al mediocentro que debía llegar de segunda línea y  éste debía disparar. Sin la pelota, el lateral izquierdo (nuestro mejor defensor) con el delantero de la derecha (su mejor jugador), el lateral derecho con el delantero de recorrido y entre el mediocentro y el central ahogar al falso delantero.

Faltaba lo más difícl, que el plan resultaba bien. Entrar al campo era una cosa, pero de que lograramos dar una buena imagen dependía que yo quedara como alguien que supiera de qué hablaba y no como un charlatán. Nada más empezar la segunda parte, generamos dos tiros de esquina y luego marcamos. Entre los jugadores se comentó al instante que hacíamos las cosas bien y al confianza subió. Atrás anulamos los ataques del rival con el emparejamiento y saber que teníamos dos delanteros esperando agilizó la salida de balón y redujó el esfuerzo del equipo. Una vez que los dos puntas comenzarón a jugar más arriba, los animé a presionar cuando los defensas rivales quisieran sacar la pelota jugada. En el segundo tiempo marcamos tres goles y nos hicieron uno, peridendo 5-4. El gol que nos marcaron fue debido a que se lesiono nuestro lateral que sabía defender, y su suplente, menos experimentado, perdio un balón que le pasó el portero. Gajes del oficio. Pero veremos si podemos seguir trabajando en esa idea el próximo partido.


viernes, 26 de junio de 2015

Miguel Ibarra: Variantes de calidad




 http://www.mlssoccer.com/sites/league/files/imagecache/620x350/image_nodes/2015/02/Ibarra.jpg

15-Marzo-1990 (25 años)
170 cm
66 kg
Interior-extremo (Quizá funcione ubicado como segundo punta)
Jugador de la MLS con doble nacionalidad, cuenta para la selección americana.


Miguel Ibarra pertenece a la generación de destacados futbolistas americanos con apellidos latinos. Como tal, podemos agradecer características de mentalidad así como pasión y habilidad por el soccer. 
Lo sorprendente de Ibarra es su validez en dos posiciones, pero más allá de ello en dos contextos diferentes dentro de la fase de ataque. Sus cualidades resultan sorprendentes porque representa una formidable arma de contrataque cuando hay espacios abiertos o el rival deja una cierta distancia entre su línea defensiva y su arquero.


Miguel Ibarra es muy válido tanto para iniciar un contragolpe como para finalizarlo.


Comencemos por su posición. La preferida por Miguel es la que se extiende desde el interior izquierdo hacía el extremo de la misma banda. Esa realidad interior-extremo deja muy latente el riesgo que significa que reciba sin marca por muy cerca que esté del centro del campo. Lo que va a marcar su posición de arranque es su propia interpretación del juego. La altura de su lateral, lo espeso que esté el mediocampo, la posibilidad de cambiar de banda… hablamos de un jugador muy inteligente.

Dependiendo de su posición lo que no varía es su comprensión de asociación. A diferencia de muchos mediocampistas es raro verle girar con la pelota en los pies, es decir, si recibe de espaldas prefiere el pivoteo. Una cualidad básica para su fútbol es recibir la pelota de cara o tras un pase diagonal, para poder arrancar perfilado de izquierda a derecha o arrancar al ataque. 

Entonces, dependiendo de su interpretación, puede estar situado como un interior a la espera de recibir/recuperar para atravesar líneas en carrera o muy escorado a la izquierda


Miguel Ibarra es el jugador que te encuentras en un partido y te pasa al lado como un rayo: si te impacta, caes al suelo. Corta el aire cuando arranca.


A la hora de valorar sus cualidades físicas nos damos cuenta del portento que es Miguel. Su arranque es simplemente vertiginoso. Su baja estatura se traduce en un tren inferior potente, una zancada corta y velocidad de piernas. Es fuerte y sobre todo, es consciente de su cualidad física. Recibe la pelota y su velocidad de aceleración es brutal. Sólo en el instante de arrancar ya sacó ventaja al rival, por más cerca que esté de él o incluso siendo superiores en número. Su velocidad punta también es muy alta, será sin duda uno de los jugadores más rápidos de la Liga MX. 

Además de su aceleración y velocidad, tiene una gran resistencia con la que mantiene el ritmo en carreras que arrancan desde su propio campo sin bajar un ápice. Dicha resistencia también se nota a lo largo del partido dándole ventaja en los minutos finales. La combinación de estos elementos es tal, que atravesar las líneas rivales apenas le conceden espacio se convierte en un juego de niños y desde ahí a dominado contra rivales en una liga que suele tener poca coordinación entre sus defensas y mediocampistas.


La potencia de Ibarra hace parecer a los defensas centrales exageradamente lentos.


Las condiciones técnicas de Miguel son también parte de su fútbol y le vuelven impredecible y efectivo a la hora de atacar. Primero debemos mencionar que gracias a su baja estatura y control de la pelota, es capaz de cambiar de dirección en carrera y con la pelota, sin necesidad de detenerse a encarar. Por lo tanto, es muy válido para ganar la banda o buscar el enganche en busca de asociarse o ganar posición de disparo. De hecho, es más común verle ejecutar la primera jugada merced a la habilidad que tiene para manejar ambos perfiles: su capacidad para centrar, disparar o definir (es decir, colocar el disparo de gol) es casi indistinta entre ambas piernas. 

Si bien su posición escorada a la izquierda se debe a la idea de partir con posibilidad de llegar perfilado al área (propiamente el enganche de izquierda al centro no suele suceder) suele centrar mejor la pelota cuando llega por la derecha, porque entonces se toma el tiempo de levantar la cara y buscar un objetivo.

Otro punto a destacar son sus centros, que distan mucho de ser lanzados sobre la carrera, altos y colgados al segundo palo. En su lugar, y dada la ventaja que suele sacar en carrera, Miguel Ibarra coloca la pelota rasa o a media altura en busca del manchón penal, es decir, en busca de un rematador. La inteligencia de estos centros suele ser útil, pero quizá no tendrían como objetivo encontrar a Boselli, sino que serían perfectos para buscar a un rematador experto en la cachetada al primer palo, como es Marco Bueno (http://akelandos.blogspot.mx/2015/06/marco-es-bueno.html).

La técnica individual de Miguel es destacada, para definir puede utilizar el interior como el empeine de ambas piernas. Sus pases suelen ser precisos e incluso sabe pisar la pelota o rozar la pelota para escapar de situaciones de marca. Su control de balón en carrera es bueno y además tiene una capacidad muy notable en el control de balones aéreos. Bajarlos es para él un ejercicio fácil, incluso cuando la pelota viene de su espalda. Por eso es un jugador peligrosísimo se ubica en posición de segunda punta, que lo suele hacer. Un trazo largo y en velocidad se separa de la defensa, controla sin problemas y define gracias a su capacidad para encarar al arquero con tranquilidad.


No es fácil ubicar a un jugador que está acostumbrado a ser el centro de su equipo.


Llega finalmente el momento de buscarle un lugar en el primer equipo. Con las posiciones de mediocentro e interiores acaparadas por los tres compadres, Chapo-Gallo-Gullit, el extremo es la opción más natural para Ibarra. Por delante de Velarde sumaría a la banda lo dosis de ataque que no daría Efraín. Sin embargo, esa posición debería estar reservada para Burbano, conocedor del juego leonés y velocista de banda con condiciones de juego muy interesantes.

Una opción muy interesante sería verle de segunda punta con Boselli, para buscar la jugada de saque en largo y prolongación. Podría de esa manera sumarse también al mediocampo y caer a la banda. El problema sería un trabajo táctico al que no está acostumbrado y del que probablemente la consecuencia sería retrasar su adaptación.

Probablemente veamos un papel de revulsivo para Miguel Ibarra, dadas sus características de potencia, parece ser el tipo de jugadores que no necesitan aclimatarse al partido, sino que lo dinamitan desde que entran. Es curioso que la posición de extremo izquierdo ha sido dolor de cabeza las últimas temporadas, pero ahora, tiene varias soluciones. De cualquier manera, si juego Marco Bueno no podríamos perdernos el lujo de verlo asociarse con Miguel Ibarra.

Faltará ver como aprovecha Pizzi esa versatilidad que ofrece en el terreno de juego.

jueves, 25 de junio de 2015

Aldo Rocha a escena en la Jornada 1



 Entre comiilas, algo sobre Aldo Rocha extraído del análisis León vs. Talleres de Córdoba: http://www.nacionesmeralda.com.mx/leon-vs-talleres-de-cordoba-el-analisis-tactico/

"Lejos de desaprovechar el tiempo, Pizzi pensó exprimir el amistoso con Talleres de Córdoba. Colocó a Rocha como base del equipo, con la responsabilidad de mover la pelota, buscar compañeros entre líneas y le colocó a Vázquez como escudero por delante, como si de Peña se tratase, aunque fue curioso comprobar la tendencia del “Gallito” con libertad consiste en irse a la banda.

Cuando el partido le permitió a Rocha encontrarse cómodo, con libertad y tiempo de recibir y decidir, León cayó en la más absoluta intrascendencia. Durante gran parte del partido, incluso minutos continuos, el equipo formó una “U” y la recalcó repitiendo los pases lateral-central-Rocha-Central-lateral. A veces eran los laterales y extremos los que extendían la “U”, pero la pelota siempre volvía a Rocha con la esperanza de que el balón pasara por un hueco y luego regresaba con la frustración de que no pasaba nada.

Tras el gol de Talleres, fruto de la mala relación del “Chapita” Delgado con la responsabilidad defensiva de ser un lateral fue Christian Martínez con trazos largos y luego el “Gallito” abriéndose a la banda para salir de la insensibilidad del carril central los que despertaron al equipo. Incluso Vázquez permitió al abrirse que Rocha tuviera más claridad y enviase el balón con certeza a su posición en un par de ocasiones. Pero Pizzi quería ganar y Rocha no salió al segundo tiempo".

La primera vez que Pizzi probó a Rocha con toda la responsabilidad de mediocentro, Aldo no salió al segundo tiempo. Y era un amistoso.

Nuevamente Rocha se enfrentará a la responsabilidad de ser la base del equipo en la primera jornada. Se trata de un jugador cuya mayor virtud es la visión y técnica para el trazo largo, cambio de orientación y salida en alrgo. Para ello necesita dos cosas: espacio que le den sus compañeros, y libertad por parte del rival, que no le atosiguen en la presión. Son dos cosas que evidencian la falta de continuidad y minutos, por lo que Pizzi deberá realizar trabajo muy específico con él para evitar un mal inicio como el que sucedió en el anterior toreno.

Por otra parte, y a pesar de los defectos de su defensa posicional (Rocha tiende a descuidar la vigilancia de la zona del enganche rival, donde pueden llegar el segunda punta o un interior llegador) contará el joven leonés con la experiencia y la seguridad que darán a su espalda Novaretti o Burdisso o Nacho, dependiendo de la combinación que opté Pizzi. Pero tener detrás jugadores tan táctictos, como Guillermo, o tan técnicos, como Diego, debe suponer liberación mental y aumento de confianza para Aldo. Puede incrementar su confianza a partir de potenciar sus virtudes, entre las cuales destaca su capacidad natural para adivinar donde va a pasar el pase e interceptarlo. Esperamos la jornada uno con mucha emoción.

sábado, 20 de junio de 2015

México necesitó un entrenador porrista




 

La selección volvió a certificar un vergonzoso torneo de Copa América, ahora en Chile 2015, tras una derrota donde el combinado ecuatoriano, apodado también tricolor, desarrollo un mejor fútbol a lo largo de noventa minutos contra la selección mexicana. Al cúmulo de despropósitos tácticos, técnicos y morales de Miguel Herrera, se han sumado su hija y una disputa con Martinoli, el popular narrador de TV Azteca. Usualmente no trató de centrarme en cosas extra cancha, pero la frase que incendió a “La Pioja” (quién avanza en el mundo del periodismo deportivo gracias al apellido  de su padre, porque su capacidad intelectual es… cuestionable) me parece muy digna de analizar. Más aún, porque engloba todo el problema que supone el ciclo de Miguel Herrera al mando de la selección.

Pueden, si desean leer el artículo donde tocamos las formas de Herrera como DT: http://falso9blog.com/13/09/2014/si-yo-fuera-miguel-herrera/

La frase en cuestión fue la siguiente: 


"México necesita un entrenador, no un porrista"


Y es que en verdad, lo que es Miguel Herrera es eso. Un porrista. A la frase de Martinoli, ventajista y contundente, le modificaría un poco. Es que México necesitó un porrista. Y ahora sí necesita un entrenador.
Tras ganar los JJOO de Londres 2012, la selección mexicana en su nivel mayor comenzó una inexplicable caída que terminó con el año de los cuatro entrenadores, un 2013 que vio rodar sucesivamente las cabezas de “Chepo”, Tena, Vucetich y la entronización de Miguel Herrera como entrenador nacional. La situación en las eliminatorias mundiales era angustiante, millones de dólares estaban a punto de irse a la basura y en el plano deportivo los dirigentes no daban con la tecla para que el equipo con mayor nivel individual de la zona lograra sumar en la tabla del hexagonal y asegurar su asistencia al mundial de Brasil 2014.

Las razones del brusco descenso del nivel y las perdidas contra los rivales de puntos increíbles fueron varias, algunas irrisorias, como quienes atribuyeron la crisis del seleccionado al amistoso celebrado con USA en el Estadio Azteca en 2012, tras los JJOO, o las más naturales atribuyendo a la rigidez del sistema del “Chepo” y su actitud descuidada, o la falta de compromiso de los elementos que militan en Europa.
En todo caso, la elección cayó sobre Miguel Herrera no para recomponer el rumbo, sino para ganar una eliminatoria de repechaje en contra de Nueva Zelanda. En aquel entonces campeón de la Liga MX, Miguel tenía un equipo americanista que aprovecho bien la idea de su 5-3-2 y el impulso anímico que significo ganar de milagro la Liga MX contra Cruz Azul. Y la cosa salió bien, el TRI saldó sin mayores apuros el repechaje y selló su boleto para el Mundial de Brasil.

Salió bien porque en ese momento, en dos equipos entre los que mediaba tanta diferencia (México y Nueva Zelanda) Herrera era justo lo que necesitaba la selección para sacudirse la depresión en la que estaba sumido. Un hombre tan pasional como el “Piojo”, cuya vida tiene periódicamente episodios de violencia, tanto física como verbal, cuyos festejos temperamentales, que rozaban el rídiculo se hicieron famosos, despertó a los jugadores. Les infundió el ánimo necesario, los convenció de la victoria. Pero desgraciadamente, la clasificación al mundial ocultó todos los males: las carencias de Miguel como táctico, el sistema que corrompe campeones mundiales y los vuelve jugadores del montón, los amiguismos en la federación.

Lo mejor que le pudo haber pasado a México en 2013 hubiese sido quedar fuera del mundial. El impacto económico hubiese despertado a los dirigentes como una bofetada y el aficionado hubiese comenzado a exigir drásticamente. Desgraciadamente, se fue al mundial y a pesar de que lo disfrutamos, las carencias de Herrera como estratega (me remito al artículo más arriba citado) nos dejaron fuera contra Holanda. No fue el penal de Robben, fueron las decisiones del Piojo. El mismo Piojo que palnteó mal una final contra el formidable León de Matosas y cayó humillado. Ahora atrapado en una espiral de verborrea y cayendo en un precipicio de vulgaridad, se aferra a la esperanza de ganar una Copa Oro donde se enfrentará al mejor portero de México, a quien menospreció por no prestarse a sus juegos en los que, desgraciadamente, tiene atrapados a Montes y otros elementos del Club León.

México necesitó un entrenador porrista para superar su depresión y volver a competir, a creer en su talento. Ahora necesita un entrenador de verdad porque el que tiene ha degenerado en payaso, quizá por tanto mental-fitness.